Crítica de cine: Más allá de la vida

Los solitarios y el más allá

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Clint Eastwood viene estrenando en los últimos años, y con frecuencia sostenida, algunos de los filmes más relevantes de la cinematografía mundial. Desde su prometedor debut con Play Misty for Me (1971), ha dirigido más de treinta largos, entre los que destacan El fuera de la ley Josey Wales (1976), Bronco Billy (1980), Los imperdonables (1992), Crimen verdadero (1999), Jinetes del espacio (2000), Río místico (2003), Million Dollar Baby (2004), el díptico Banderas de nuestros padres y Cartas de Iwo Jima (2006), Gran Torino (2008) e Invictus (2009).

Por su tratamiento místico, “Más allá de la vida” (Hereafter, 2010) es poco afín al resto de la obra de Eastwood. Aborda las implicancias del contacto con la muerte y lo que hay en ella. La estructura se plantea a partir de un puñado de personajes alejados entre sí, y sin ningún punto en común, salvo su cercanía con la muerte. Ello los diferencia de los demás, y por tanto, los torna en seres solitarios, incomprendidos, que llevan su experiencia como un estigma.

George Lonegan (Matt Damon) es capaz de comunicarse con los muertos; Marie Lelay (Cécile De France) ha fallecido efímeramente y regresado a la vida; y Marcus (Frankie y George McLaren) vive la carencia de alguien extremadamente cercano. Cada uno de ellos sirve de punto de vista para las tres historias que conforman el filme. Su proximidad con la muerte los tiene sometidos y no les permite hacer una vida normal. Por eso el paso fugaz de Melanie (Bryce Dallas Howard) por la vida de George, y por eso la instantánea empatía de Marie con la doctora Rousseau (Marthe Keller) o con George.

Hereafter es más bien realista, pese a sus elementos sobrenaturales. Se centra en el drama humano de sus personajes y no en los asomos góticos o espectrales de las historias de fantasmas de Dickens —de quien George es ferviente admirador— o de otros filmes de temática similar.

Los personajes mejor construidos son George y Marie. Da la impresión, en cambio, de que resulta insuficiente el desarrollo que tienen en la trama los gemelos Marcus y Jason, así como Melanie. El poderoso ritmo narrativo atrapa al espectador desde el inicio, aunque sufre un leve estancamiento poco antes de integrar las tres historias particulares en una sola. Afortunadamente, poco después el filme se recupera y se mantiene constante hasta su desenlace.

La fotografía, por su parte, es más que sobresaliente, y la interpretación de los actores formidable, como ya es habitual en las películas de Clint Eastwood. Y Hereafter es un estupendo filme que no defrauda para nada a los ya muchos seguidores de este genial realizador.

HEREAFTER (Más allá de la vida)
Director: Clint Eastwood
Título original: Hereafter
Duración: 129 minutos
País y año: Estados Unidos, 2010
Idioma: inglés y francés con subtítulos en español

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 19 de febrero de 2011.

Crítica de cine: Red social

Juegos corporativos en la era Facebook

Juan Carlos Suárez Revollar

David Fincher rodó en 1992 Alien 3 y en 1995 Pecados capitales. A partir de entonces ha dirigido filmes de importancia como El juego (1997), El club de la pelea (1999), La habitación del pánico (2002), Zodiaco (2007) y El curioso caso de Benjamin Button (2008).

Red social (The Social Network, 2010) nos plantea la forma en que el joven —e idolatrado— Mark Zuckerberg (Jesse Eisenberg) creó la red social Facebook, que ha crecido vertiginosamente hasta convertirse en la mayor plataforma de interacción social de Internet, y lo ha hecho a él, al mismo tiempo, el multimillonario más joven del mundo.

El filme arranca en los propios comienzos, cuando Mark pone en línea una pequeña plataforma social —un protofacebook— que compara fotografías a la busca de la universitaria más sexy de Harvard, lo que le generará la antipatía generalizada y buen número de problemas, aunque ello no parece importarle demasiado. La inserción como hilo conductor de la narración de los careos de las demandas que el ya exitoso Mark debe enfrentar, dota al filme de mayor complejidad estructural, y torna en pasado mediato lo que se veía hasta ahora.

El personaje de Mark nos es presentado como un superdotado en la programación informática, con problemas de actitud, y muchas dificultades para relacionarse con las personas (para un ejemplo, su involuntaria patanería lleva a su novia a dejarlo plantado). Otra característica suya es el cinismo y falta de escrúpulos al momento de tomar decisiones, aun si éstas perjudican a quienes confiaron en él, como su amigo Eduardo Saverin (Andrew Garfield), quien lo terminará demandando. Esa tendencia hace de Mark un ser solitario, en contraste con la red de millones de amigos que viene impulsando. La presencia de Sean Parker (Justin Timberlake) atenúa esto en parte. Ambos hablan un mismo idioma y piensan igual. Para ellos la actividad corporativa es, a su modo, una travesura. Por eso les divierte Napster, esa herramienta creada por Sean que casi hizo quebrar a la industria discográfica. Saben, eso sí, que están haciendo algo grande que cambiará el mundo —como lo supo Bill Gates, su referente, en su momento—, y que cada acción que tomen influirá en ello.

Red social es el irónico retrato de la volatilidad corporativa mundial y de la transformación del individuo a causa de su opresión por la información. Se trata de un gran filme, y de lo mejor de la obra de David Fincher.

Red Social (The Social Network)
Director: David Fincher
Título original: The Social Network
Duración: 120 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español
País y año: Estados Unidos, 2010

Publicado en el diario Correo de Huancayo el 5 de febrero de 2011.

Crítica de cine: The Ghost Writer

Las memorias de Tony Blair

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Roman Polanski es uno de los mayores maestros del cine que continúan en actividad. Su obra aborda diversos géneros, desde el horror: Repulsión (1965), El bebé de Rosemary (1968); el policial: Chinatown (1974); el thriller erótico: Luna de hiel (1993); la comedia: El baile de los vampiros asesinos (1967), Piratas (1986); y el drama, con los dos títulos que conforman lo mejor de su filmografía: Tess (1979) y El pianista (2002).

Su último trabajo, El escritor oculto (The Ghost Writer, 2010), es un thriller político, adaptado a partir de la novela The Ghost de Robert Harris. El ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan) enfrenta un juicio por crímenes de lesa humanidad en Irak; y al mismo tiempo está a punto de publicar sus memorias, pésimamente escritas. Por ello la editorial contrata a un escritor oculto (Ewan McGregor) —personaje de aquella oscura clase de escritores a sueldo cuyo trabajo es finalmente firmado por su empleador, y que son también conocidos como negros literarios— para que las reescriba.

Los evidentes paralelos entre Lang y el otrora primer ministro británico, Tony Blair, permiten a Polanski mostrar su desprecio por éste, al caracterizarlo artificial, ridículo; y lo más claro, como un fantoche de la geopolítica estadounidense. Por eso mismo, El escritor oculto podría catalogarse como un ensayo político o un filme de tesis. Sin embargo, pesa más la pericia del director para que la historia sobrepase al discurso que se pretende transmitir.

El escritor oculto podría catalogarse como un ensayo político o un filme de tesis. Sin embargo, pesa más la pericia del director para que la historia sobrepase al discurso.

El tratamiento visual usa tonos fríos, y un ambiente permanentemente nublado, lluvioso y frígido. A ello se suma el peso del encierro y el atosigamiento por la falta de libertad que viene de parte de guardaespaldas, periodistas y activistas. El permanente peligro y persecución a los que están sometidos los personajes, parecen no poder evitarse, principalmente para el escritor oculto. Ello se agrava al empezar a hurgar entre los indicios de crimen en la muerte de Mike McAra, su antecesor con el manuscrito de las memorias. Se establece, además, de a pocos, puntos en común entre ambos escritores; y se pasa de la antipatía por el primero a su identificación con la causa que éste perseguía y que lo habría llevado a la muerte. Es por eso que el apoliticismo inicial del nuevo escritor oculto va desapareciendo según avanza la trama.

La conclusión que parece dejarnos Polanski es la impunidad que hay, pese a todo, para hombres poderosos como Adam Lang o Tony Blair, esa rancia estirpe de políticos que, en el filme, aparecen por doquier y en casi cualquier bando. Sin dudas, The Ghost Writer es la mejor película de Polanski desde El pianista.

THE GHOST WRITER (El escritor oculto)
Director: Roman Polanski
Título original: The Ghost Writer
Duración: 128 minutos
Países y año: Francia, Alemania e Inglaterra, 2010.
Idioma: inglés con subtítulos en español

Publicado en el diario Correo de Huancayo el 29 de enero de 2011.

Crítica de cine: The Town

La ciudad de los antihéroes

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

La primera película dirigida por Ben Affleck fue Desapareció una noche (Gone, Baby, Gone, 2007) —hasta entonces, si bien había participado en varias valiosas películas, e incluso en un par con dos grandes directores: Gus van Sant y John Frankenheimer, era principalmente conocido por blockbusters como Armagedón, Daredevil o Pearl Harbor—. Este policial tiene a una pareja de investigadores que busca a una niña presuntamente secuestrada. Su sórdido contexto va llevando al espectador hacia un final absolutamente pesimista.

Como en este filme, The Town (2010), segundo trabajo de Affleck como director, tiene personajes que viven al margen de la ley. La acción se inicia con el asalto a un banco de Boston por parte de un grupo de atracadores encabezados por Doug MacRay (Ben Affleck).

La colaboración obligada de una empleada del banco, Claire Keesey (Rebecca Hall), y su inmediata toma en rehén, marca el inicio de lo que será una relación entre Doug y ella. Ese elemento es el desencadenante para los cuestionamientos que surgen en él, particularmente referidos a su modo de vida, del que parece no poder escapar.

Más que las escenas de acción presentes a lo largo de todo el filme, destacan las brillantes situaciones ligadas con el ámbito lumpen: desde los modos de vida hasta los conflictos. Por supuesto, hay secuencias memorables, como aquella en que Doug visita a su padre (Chris Cooper) en prisión, que contiene diálogos sólidos y un poderoso planteamiento visual y dramático.

La interpretación de los actores es en general satisfactoria e incluso sobresaliente. Quizá el único que muestra algunos altibajos es el propio Affleck. Sin embargo, los personajes están tan bien construidos que cualquier defecto de esta índole es absorbido por la historia, aun con algunos personajes que apenas aparecen —por ejemplo Stephen MacRay, el padre de Doug, o principalmente el florista Fergus ‘Fergie’ Colm (Pete Postlethwaite)—. The Town tiene una línea dramática constante, sin tropiezos, salvo, acaso, el final edificante o la excesiva torpeza de la policía.

Definitivamente, Ben Affleck se revela como un excepcional director, cuya obra futura será esperada con mucho interés.

The Town (Atracción peligrosa)
Director: Ben Affleck
País y año: Estados Unidos, 2010
Duración: 125 minutos
Título original: The Town
Idioma: inglés con subtítulos en español

Publicado en el diario Correo de Huancayo el 27 de noviembre de 2010.

Crítica de cine: El secreto de sus ojos

Obsesiones del pasado y ficción en la realidad

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Juan José Campanella es uno de los realizadores más importantes del cine argentino actual. Filmes suyos son El mismo amor, la misma lluvia (1999), El hijo de la novia (2001) o La luna de Avellaneda (2004), que anteceden a El secreto de sus ojos (2009), una obra mayor, que le dio el Oscar en la categoría de mejor película extranjera.

El secreto de sus ojos es un filme policial que nos remite permanentemente al pasado, y que va desde el drama y el humor, hasta el romance y la política. El punto de vista de la historia recae en Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un investigador de la corte jubilado que, veinticinco años atrás, tuvo una participación activa en el esclarecimiento de un horrendo crimen contra una muchacha quien, además de ser ultrajada, ha sido asesinada a golpes.
Campanella cuenta la historia en dos niveles temporales: el presente, donde, ya ocurrido todo, se puede tener una mirada más fría de los hechos por sus resignados protagonistas; y el pasado, evocado desde aquél, pero en clave de ficción, pues lo que se deja ver al espectador no es más que el relato novelado que Espósito hace a partir de sus propios recuerdos. La presencia de algunos personajes —su antigua colega Irene Menéndez Hastings (Soledad Villamil) o el viudo Ricardo Morales (Pablo Rago), quienes también han participado en los hechos— permite atenuar la base ficticia de lo que vamos viendo, aunque siempre estará la posibilidad de que, como una ficción, ésta sea inventada o no acorde con la realidad pese a su credibilidad.

Los personajes tienen, de por sí, mucho atractivo, lo cual se potencia con la brillante dirección de actores: el silencioso amor de Espósito por Irene, la obsesiva constancia de Morales, la contradictoria lógica de Pablo Sandoval (Guillermo Francella) o el impulso asesino de Isidoro Gómez (Javier Godino).

La película tiene un clima nostálgico desde su inicio. Pero como buen policial —con tantos elementos que enriquecen la historia, que por un momento creeríamos que se trata de otro género—, El secreto de sus ojos posee un ritmo narrativo constante, ascendente, y también varias vueltas de tuerca que obligan al espectador a replantearse lo visto. Una película bellísima, interesante y divertida. No perderla.

EL SECRETO DE SUS OJOS
Director: Juan José Campanella
Duración: 127 minutos
Países y año: Argentina y España, 2009

Publicado en el diario Correo de Huancayo el 30 de octubre de 2010.

Crítica de cine: Contracorriente

El fantasma y su amante

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Los amantes Miguel (Cristian Mercado) y Santiago (Manolo Cardona).
El realizador peruano Javier Fuentes-León rodó en 1997 el cortometraje Espacios, que fue muy bien recibido por la crítica nacional. A partir de entonces trabajó principalmente escribiendo y editando para la televisión, y avanzando sus propios proyectos. Contracorriente es su primer largo, por el que obtuvo, entre otros premios, el de la “Audiencia Competencia Internacional Dramática” en el festival de Sundance. Gracias a ello ha recibido la atención necesaria para asegurar su estreno en diversas partes del mundo.

El filme plantea un tópico, si no nuevo en el cine nacional, sí inusual en su forma de abordarlo. La temática tiene como centro la historia de amor entre Miguel (Cristian Mercado), un joven pescador —cuya esposa Mariela (Tatiana Astengo) espera su primer hijo—, y Santiago (Manolo Cardona), pintor y fotógrafo que es rechazado por la comunidad a causa de su homosexualidad manifiesta.

Ahí aparece una de las principales cuestiones del filme: la intolerancia, debidamente acentuada a través de las acciones de aceptación-rechazo por parte del grupo (el machismo y la hipocresía son lo más resaltante), que servirán como agente antagónico de los protagonistas a lo largo de la historia.

Hay dos partes muy marcadas en Contracorriente: la primera comprende los encuentros furtivos entre Miguel y Santiago, y la segunda se viene tras la muerte de éste, y su posterior regreso como un ente al que sólo puede ver Miguel (pese a esta situación fantástica, no se pierde credibilidad). Otro aspecto resaltante es el retrato de costumbres del poblado, donde se incluyen con solvencia y pertinencia las tradiciones y creencias (vistas al inicio por Santiago con simpatía, pero también con incredulidad; y más adelante —durante el segundo entierro—, como partícipe directo y, por eso mismo, ya como integrante de la comunidad).

El filme, desde el inicio, mantiene un ritmo sostenido y ascendente. La bella fotografía, aunada a una buena historia que tiene el valor agregado de haber sido bien contada, y a la buena interpretación de los actores, hacen de Contracorriente un filme de calidad indiscutible, que hay que procurar no dejar de ver.

CONTRACORRIENTE
Director: Javier Fuentes-León
Duración: 102 minutos
Países y año: Perú, Colombia, Francia y Alemania, 2009

Publicado en el diario Correo de Huancayo el 25 de setiembre de 2010.

Crítica de cine: Green Zone

Thriller político bajo fuego amigo-enemigo

Juan Carlos Suárez Revollar

Paul Greengrass (Inglaterra, 1955) inició su carrera como documentalista para la televisión, hasta que dirigió Resurrección (1989), y años después, La teoría del vuelo (1998), que le permitieron asumir un proyecto más ambicioso (y que es, hasta ahora, lo mejor de toda su filmografía): Domingo sangriento (2002), un filme político que aborda, en clave de ficción, pero con códigos propios del documental, la masacre ocurrida en Irlanda en 1972 por parte de las fuerzas inglesas contra los civiles que marchaban contra la represión y en pro de sus derechos ciudadanos. De 2004 y 2007 son las dos partes de La supremacía de Bourne, y de 2006 un atractivo filme: Vuelo 93, sobre lo que habría ocurrido al interior del avión que no llegó a estrellarse contra su objetivo durante los atentados del 11 de setiembre.

Green Zone, por su parte, coge muchos elementos de Domingo sangriento (particularmente, la estética: cámara al hombro, con imágenes móviles muy realistas), y de Vuelo 93 toma la temática de fondo: es decir, la colisión de civilizaciones, pero esta vez durante la invasión punitiva de Estados Unidos a los países de medio oriente tras los atentados, en este caso a Irak para capturar las armas de destrucción masiva que fueron el pretexto para la intervención militar. Lo que vemos desde entonces (un mes después del inicio de las operaciones) son los esfuerzos de las dos facciones estadounidenses: para sacar la verdad a la luz, por un lado, y para evitarlo por el otro.

El centro de este conflicto es el oficial Roy Millar (Matt Damon), quien empieza a tener sus dudas por la causa real de la intervención, e inicia por su propio lado la búsqueda de la verdad. Y debe evadir a Clark Poundstone (Greg Kinnear), el agente de la Casa Blanca cuyo poder parece superar todo ámbito. Ese duelo —en que además participan otros personajes como el agente de la CIA Martin Brown (Brendan Gleeson), el poco menos que inevitable teniente Briggs (Jason Isaacs), o la periodista Lawrie Dayne (Amy Ryan)— convierte al filme en un thriller político y, casi, de espionaje.

Las escenas que se suceden en Green Zone tienen tanto dinamismo como lúdico es el ritmo de la narración. El uso de la estética documentalista contribuye a dar mayor veracidad al filme, cuyo trasfondo es eminentemente de balance de la guerra en Irak: un balance negativo para Estados Unidos, por cierto. Greengrass, nuevamente, habla fuerte a través de su cine.

LA CIUDAD DE LAS TORMENTAS
Director: Paul Greengrass
Título original: Green Zone
Idioma: inglés con subtítulos en español
Duración: 115 minutos
País y año: Estados Unidos, 2010

Publicado en el diario Correo de Huancayo el 11 de setiembre de 2010.

Crítica de cine: Inception

Soñando sueños

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Christopher Nolan (Londres, 1971) ha tenido una carrera de ascenso sostenido, y se ha convertido en la actualidad en un director cuya obra, además de poseer alta calidad artística, tiene mucho éxito. Su primer Filme es Following (1998), pero le fue bastante mejor con Memento (2000) e Insomnia (2002), lo más personal que ha dirigido. A partir de entonces pudo asumir proyectos de mayor presupuesto: resultado de ello son el díptico Batman inicia (2005) y El caballero de la noche (2008) —que son versiones de Batman completamente diferentes a las dirigidas en los noventa por Tim Burton, y además, técnica y narrativamente, superiores—, y entre ambos, El gran truco (2006). Estos últimos, pese a tener los cánones propios del cine comercial estadounidense, se constituyen en muy buenos filmes, con un estilo particular ya característico de Nolan.

Su nueva entrega, Inception (2010) es un filme de acción cuya premisa, dentro de la ciencia ficción, aborda el robo de información por parte de espías que se infiltran en los sueños de sus víctimas haciéndoles creer que están en la realidad, y por eso mismo, aunque casi la totalidad de la narración transcurre entre sueños (que pueden estar insertos en otros), ni la estética ni la historia son oníricos ni cogen elementos del surrealismo: todo es simple realidad, y en ocasiones cruda realidad.

El planteamiento es fascinante, al dotar de un mundo exclusivo a cada personaje, que supedita a los otros en su accionar, y todo ello es contenido por la condición de sueños cada vez más extensos (en una dimensión cronológica mayor) según formen parte de otros, que terminan fusionando lo real e irreal.
La creación arquitectónica como principio de Inception.

Pese a su ritmo dinámico, llega a estancarse por momentos (durante la batalla en la nieve está lo más tedioso), y ahí surge el principal defecto: su excesiva duración (pues la acción ininterrumpida puede también agotar al espectador), que hace patente las fallas al momento de soldar cada nivel de la historia en una sola unidad.

Se mantiene bien el hilo conductor, que descansa en Cobb (Leonardo DiCaprio), enriquecido por sus conflictos a causa de su pasado, y el dato escondido que se revela de a pocos; aunque no todos los demás personajes alcanzan esa complejidad, y algunos se paralizan y hasta se convierten en meros rellenos.

Inception no es lo mejor que ha dirigido Christopher Nolan, pero creemos que tiene el suficiente interés como para evitar perdérselo.

EL ORIGEN (Inception)
Director: Christopher Nolan
Título original: Inception
Idioma: inglés con subtítulos en español
Duración: 148 min
País y año: Estados Unidos, 2010

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 7 de agosto de 2010.

Crítica de cine: Toy Story 3

El largo viaje a casa

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Toy Story 3 es un filme que se supone de despedida. Los personajes, juguetes animados, si bien no están desgastados, han visto a su dueño crecer, y por ello, han pasado al desuso.

Bajo este supuesto, se plantea una historia audaz y divertida, tierna por momentos, donde incluso se aborda en clave de humor —más bien por su lado ridículo— un tema político de actualidad: las dictaduras.

El potente arranque del filme —con una aventura imaginaria, acaso la última vez que Andy juega con ellos—, contrasta con la segunda escena, donde los juguetes se encuentran a punto de pasar al olvido, y el hasta entonces niño, en el mismo umbral de la adultez, está a punto de partir a la universidad.
La crisis de existencia que surge en los personajes enriquece mucho a la historia. ¿Puede un juguete serlo si ya nadie juega con él? Pero también se destaca la correspondencia entre el niño y su juguete: el amor que éste puede sentir por aquél; y la necesidad del juguete de saberse amado.

La figura del totalitarimo se hace patente con Sunnyside, la guardería infantil adonde van a parar los juguetes. La primera impresión es de un mundo utópico, de felicidad absoluta para un juguete que, lo único que desea en la vida, es que un niño juegue con él. La realidad es todo lo opuesto (como lo son los totalitarismos): un mundo de opresión dominado por unos pocos, donde no hay libertades y se construyen falsas impresiones a partir de farsas cínicas.
Habitualmente se cree que una historia para niños debe ser sólo simple. Sin embargo, si además de ello contiene otros aspectos sin ir en desmedro de la narración ni caer en discursos ni intentar convencer con una tesis, rebasa al género y satisface perfectamente las expectativas de los espectadores más exigentes. Y Toy Story 3, así como algunos otros títulos producidos por Pixar (Monsters Inc., Los Increíbles, Wall-E y Up), son filmes absolutamente recomendables.

TOY STORY 3
Director: Lee Unkrich
País y año: Estados Unidos, 2010
Duración: 103 minutos
Idioma: Español

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 10 de julio de 2010

Crítica de cine: Robin Hood

La germinación del héroe

Juan Carlos Suárez Revollar

Sería difícil hablar de la filmografía de Ridley Scott sin mencionar su brillante inicio, con ‘Los duelistas’ (1977), que bien puede catalogarse como una de las obras maestras de la cinematografía mundial. Entre lo más destacado de su obra —y desafortunadamente de una calidad artística mucho, muchísimo menor— se encuentran ‘Alien’ (1979) y ‘Blade Runner’ (1982), verdaderos éxitos de taquilla, así como ‘Thelma & Louise’ (1991) y ‘Gladiador’ (2000). Esta última obtuvo el Oscar a mejor película, y engrosa su grupo de filmes épicos, como ‘Cruzada’ y ‘1492, la conquista del Paraíso’, al que se añade ahora ‘Robin Hood’.

La historia —a diferencia de las versiones antiguas, que se ciñen a las tradiciones orales y a las noveladas: desde Walter Scott hasta Alejandro Dumas— tiene variantes importantes. La principal es que esta vez no presenciamos las hazañas de Robin de los bosques, «quien roba a los ricos para dar a los pobres», ni su gran conspiración para devolver el trono a Ricardo Corazón de León (muerto acá) y derrocar al tirano Juan Sin Tierra —el hermano de éste—, que ha usurpado la corona; sino más bien se plantea los inicios, en una suerte de ‘precuela’ de la historia que ya conocemos: cuando Robin Hood se convierte en proscrito, enemigo del rey tirano, y clandestino y audaz justiciero.

Este Robin Hood acepta su suerte sin entusiasmo. Siempre está ensimismado, es incluso sombrío y apenas si sonríe, a diferencia de sus predecesores —imposible olvidar, por ejemplo, al interpretado por Errol Flynn—, quienes más que combatir o buscar desquites, se divierten mientras burlan al enemigo, y de paso divierten a mares al espectador.

Una característica de la estética de este filme es su cercanía a los cánones naturalistas (extremo realismo, y más aún, renuncia a ocultar o atenuar pasajes sórdidos o demasiado violentos). Pero otros aspectos menguan la credibilidad ganada con ello, como la poca solidez en la construcción de personajes. Hay estereotipos muy marcados: el malo habitual, Godfrey (Mark Strong), quien hace y deshace las cosas a su antojo, y nunca le salen mal; el personaje de Juan Sin Tierra (Óscar Isaac) tampoco se salva: es el reyezuelo incapaz, tirano, bravucón y cobarde (también está muy mal construido). Otro defecto son los tiempos muertos, que abundan y contribuyen poco con el desarrollo del filme.

Lo mejor de Robin Hood, por otra parte, es su original historia —pese a sus muchos defectos—, así como su aceptable conducción del tema épico, por el que su director parece tener predilección. Sin embargo, seguiremos añorando al Ridley Scott de Los duelistas, ese bellísimo filme en el que parece haber agotado su talento.

ROBIN HOOD
Director: Ridley Scott
Países y año: Estados Unidos, Inglaterra, 2009
Duración: 140 minutos
Idioma: inglés con subtítulos en español

Publicado en el diario Correo de Huancayo, el 31 de mayo de 2010