Un clan de abogados, en palabras del más joven
Por: Juan Carlos Suárez Revollar
Los Perelman son una familia repleta de abogados. Ariel (Daniel Hendler) es quien cuenta la historia, de costumbres, por cierto. Su voz en off expone la rutina de su padre, el abogado Bernardo Perelman (Arturo Goetz), en su recorrido diario por las oficinas del Juzgado. Sus tíos también están en el negocio, pero especializados en otras áreas, un tanto más sórdidas. Describe asimismo sus propios hábitos de trabajo para la corte judicial como Defensor de Ausentes, alternada con las apasionadas clases de abogacía que dicta en una universidad.
Impartiendo esas clases conoce a Sandra (Julieta Díaz), alumna suya con quien sabe que se casará, y, además la única de sus estudiantes a quien presta especial atención. Ella es profesora de método Pilates, y por un lío de derechos de patente es impedida de trabajar. Mientras Ariel (ayudado por su padre) se encarga de su defensa aprovecha para conquistarla. A partir de este momento Perelman padre tomará el verdadero nivel de protagonista que tiene a lo largo del filme.
La historia da entonces un salto y nos encontramos con la joven familia Perelman, que ya cría a un pequeño de dos años, Gastón (Eloy Burman), quien es el motor del vínculo matrimonial, y causante de algunas de sus apacibles discusiones, como qué tan suizo es el colegio suizo del niño.
El acontecimiento que marca esta segunda parte de la cinta es el cierre intempestivo del edificio en que Ariel trabaja por reparaciones. Eso le dará tiempo libre para cultivar mejor su relación con su hijo y también con su padre. La presencia de éste, después de su larga aparición inicial, se va acrecentando de a poquitos. Claros ejemplos son la secuencia en que Ariel olvida su cumpleaños, que evoluciona hasta aquel lunes en que le seguirá en todo su itinerario abogadesco por el Juzgado, cosa que les permitirá conectar su lazo paternal-filial.
Nada extraordinario ocurre en el filme, salvo aquello que afecta directamente a los personajes, y que son circunstancias demasiado habituales como para prestarles atención, salvo cuando se es el directo protagonista. Perelman padre está empeñado en hacer que su hijo trabaje con él, y así siga con la senda por él trazada. Pero Perelman hijo rehúsa hasta el final. Hallamos varios detalles que plantean concomitancias. El centro de la narración es la figura paterna: Perelman padre y Perelman hijo; Perelman hijo y Perelman nieto. En todo momento se acentúan los parecidos entre estas tres generaciones. He ahí la clave de la película.
En el aspecto técnico es de destacar el uso de planos sencillos, muy urbanos y clase medieros. Al mismo tiempo, se resalta la cotidianeidad de la trama, donde nunca ocurre nada. Por momentos da la impresión de que se abusa de la voz en off, pero es a través de ésta que Perelman hijo nos narra los hechos, y la que marca el ritmo del filme.
La película no es perfecta. Por ejemplo, desde el develamiento abrupto del secreto de Perelman padre, la acción se desacelera, y en su conjunto el filme pierde interés. Afortunadamente el director Daniel Burman no se extiende demasiado, lo que salva su obra. Pese a sus fallos, poco importantes, sea dicho de paso, Derecho de familia es uno de aquellas cintas que no hay que perder bajo ninguna circunstancia.
DERECHO DE FAMILIA (Argentina, España, 2005)
Director: Daniel Burman
Fotografía: Ramiro Civita
Guión: Daniel Burman
Protagonistas: Daniel Hendler (Ariel Perelman), Arturo Goez (Bernardo Perelman), Julieta Díaz (Sandra), Adriana Aizemberg (Norita), Eloy Burman (Gastón Perelman)
Duración: 96 minutos
Artículo escrito para la columna Función Continuada en marzo de 2009

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