Crítica de cine: La desconocida

Vueltas de tuerca y el horror del pasado

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Irena es el personaje principal de este Thriller de Giuseppe Tornatore —Cinema Paradiso, Malena, El pianista en el oceano—. Ella, además, sostiene la historia, porque aparece permanentemente a lo largo del filme en una búsqueda constante que se va aclarando paulatina y sostenidamente, porque los datos ocultos se mantienen hasta el final. Ello nos lleva a varias conclusiones, que van cambiando en función a la resolución de los hechos.

La niña sirve para canalizar los aspectos más sensibles de la personalidad de Irena y, más adelante, para convertirse en el elemento principal de la historia. El pasado desgarrador llega a través de pequeños chispazos de recuerdos, por los que Irena aparece en al menos tres espacios temporales: los mediatos, durante las torturas a las que fue sometida, los inmediatos, al conocer la felicidad del amor —en ambos Irena es Georgia, la esclava sexual del brutal Mold—, y en el presente, con esa búsqueda intensa, llena de suspenso y acción. La fotografía, por cierto, toma tonalidades diferentes, fría en los momentos de dolor, cálida en los de felicidad, separando visiblemente el pasado del presente.

La música de Ennio Morricone completa el contexto y el clima de La desconocida, aunque tiene demasiado protagonismo —es una característica de este autor en la musicalización de las películas en que participa—. Ésa es una debilidad que Tornatore no ha logrado solucionar pese a haber trabajado ya varias veces con el veterano compositor italiano. Sin embargo, el resultado final es una película de gran calidad, que se constituye en uno de los estrenos más importantes del año.

LA DESCONOCIDA
Director: Giuseppe Tornatore
Países y año: Italia, Francia, 2006
Duración: 118 minutos
Idioma: italiano
Título original: La Sconosciuta

Publicado en Correo de Huancayo, el 08 de agosto de 2009.

Crítica de literatura (y cine): Conversación en La Catedral

La cinematografía en la obra de Mario Vargas Llosa

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

No es nuevo destacar la relación entre la obra narrativa de Mario Vargas Llosa y el cine, tanto respecto a las versiones fílmicas de sus libros como a los recursos cinematográficos de los que ha echado mano para enriquecerlos; eso sin contar las muchas referencias y menciones de títulos de películas en éstos.

Desde el montaje de la historia —aspecto esencial en la construcción de un filme—, Mario Vargas Llosa ha usado frecuentemente técnicas y formas cinematográficas. Así, La casa verde es un relato montado —se nota esto también en Conversación en La Catedral—, donde las secuencias se unen para armar el todo que es la novela, aunque es tal la cantidad de técnicas narratológicas presentes que las de cine pasan a segundo plano. Citemos un ejemplo: la llegada de Anselmo a Piura coge tópicos del western norteamericano (Miguel Gutiérrez en Faulkner en la novela latinoamericana) y, si somos más minuciosos, identificaríamos una escena de La diligencia, de John Ford, como la base de este fragmento. No es el único western que influye en su obra —al parecer es un ferviente seguidor de este género—: hay aspectos como los códigos de honor y el machismo cursi de los personajes —particularmente en La ciudad y los perros— o el escenario pedregoso, desértico, solitario y salvaje de los sertones, en La guerra del fin del mundo, que recuerdan a las panorámicas de Río Rojo, de Howard Hawks o Más corazón que odio, de Ford. Por otro lado, hay puntos en común entre el circo itinerante de los seres deformes de esta novela y los de Freaks, la parada de los monstruos, de Tod Browning.

En Conversación en La Catedral se hace uso de técnicas cinematográficas como el corte, las disolvencias y los fundidos en negro entre escena y escena. En toda la primera parte las tomas se superponen dentro de grandes secuencias —los capítulos—: cada párrafo se sitúa en un tiempo y contexto diferentes, y el siguiente lo hace a través de un corte simple. Los niveles de la narración, entonces, abarcan un lapso temporal y espacial muy amplio. Podemos ver a un personaje viviendo un suceso en un momento y de pronto a él mismo, en otro lugar y muchos años después, recordándolo. De esa forma, el punto en común de ambas escenas viene a ser el hecho, primero vivido y después evocado.

Mario Vargas Llosa en La Catedral.

Por otro lado, Vargas Llosa ha tenido poca suerte con las versiones fílmicas de sus libros, todas de muy bajo nivel artístico. Empero, hay un buen número de películas que se han hecho a partir de su obra: de la novela La ciudad y los perros Francisco Lombardi rodó un largometraje, pero hay otro, ruso, mucho menos conocido: Yaguar. Los cachorros es un mediocre filme mexicano de 1973. La tía Julia y el escribidor, por su parte, se estrenó como Tune in Tomorrow… en 1990 —es también intrascendente— y Pantaleón y las visitadoras tiene dos versiones, una, la primera, dirigida por el propio Vargas Llosa en 1975 —por los resultados, no se atrevió a dirigir más— y la otra, la más exitosa comercialmente, es de 1999, y fue dirigida por Lombardi. Cabe mencionar que el proyecto inicial de La guerra del fin del mundo era para una película en cuyo guión Vargas Llosa trabajó intensamente.

Desafortunadamente —acaso afortunadamente, porque de otro modo no existiría la novela— se quedó en la fase de preproducción. Finalmente, La fiesta del Chivo, dirigida por Luis Llosa, se estrenó en 2005 y tampoco resultó un buen filme.Con todo, en más de medio siglo de carrera como escritor Mario Vargas Llosa no ha necesitado del cine —que es un potente medio de difusión— para afianzarse como uno de los novelistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, pese a que su obra contiene mucha influencia cinematográfica.

Publicado en Correo de Huancayo, el 18 de julio de 2009.

Crítica de cine: Up, una aventura de altura

Halar recuerdos y sueños hacia el Paraíso

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Hay dos razones para ver Up, una aventura de altura: la primera es el estupendo cortometraje que lo antecede, sobre unas nubes-factorías de recién nacidos con sus respectivas cigüeñas; y la segunda el buen trabajo en la creación de una aventura con personajes bien delineados en las profundidades de una selva aún inhóspita, de carácter utópico, como un Edén perdido y vuelto a encontrar.

El filme se inicia con Carl Fredricksen todavía niño, encantado con la figura de la aventura, encarnada por el explorador y aviador Charles Muntz, que le sirve, a su vez, para conocer y más tarde amar e idolatrar a Ellie, su esposa. El desarrollo nostálgico de la vida conyugal de Carl constituye la primera parte y, a su vez, un eje de la trama. La esposa es el motor de los hechos y la razón para la toma de decisiones, particularmente la de marchar hacia Cataratas del Paraíso, lugar ubicado en la jungla sudamericana, en un viaje largamente pospuesto por la pareja.

Tras la partida en la casa voladora se acelera el ritmo de la narración. Russell, el niño explorador —a quien Carl-niño se asemeja— se convierte en un elemento desequilibrante: altera los planes de Carl, hace que éste muestre sentimientos que había tratado de mantener ocultos, contradice sus decisiones y, en especial, se establece una relación padre-hijo entre ambos.

Los demás personajes cumplen su cometido a la medida de las circunstancias: el malo: Charles Muntz, con sus perros lacayos —empezando por Alpha, el dictadorzuelo—; el gracioso y tierno: Dug, el perro parlante; y el más fascinante: Kevin, el enigmático pájaro fantástico, cuya presencia hace una aproximación de El último Do-do (1938), el genial cortometraje con decorados surreales del cerdito Porky. Habría que destacar el cambio que se está dando en los héroes de las películas infantiles, esta vez mucho más cotidianos y menos absurdos, y buena prueba de ello es Up, una aventura de altura.

El filme tiene puntos flojos, pero son opacados por brillantes secuencias, como la que resume toda una vida de matrimonio de Carl y Ellie en unos pocos minutos. Sin embargo, por el final se empieza a notar con más claridad que la historia está siendo forzada para encauzarla a un happy ending que, aunque necesario para casi todo relato infantil —los de Disney a la cabeza—, no supone una buena decisión si lo que se quiere es hacer una narración rigurosa que se cierre sobre sí misma y que logre convencer al público. Pese a ello, Up, una aventura de altura tiene buen nivel y, además, entretiene, gusta y conmueve al espectador, ¿qué más se puede pedir de una película?

UP, UNA AVENTURA DE ALTURA
Director: Pete Docter
País: Estados Unidos, 2009
Duración: 90 minutos
Idioma: doblado al español

Publicado en Correo de Huancayo, el 04 de julio de 2009.

Crítica de cine: Primavera, verano, otoño, invierno… primavera

Las estaciones de la vida

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Los cinco grandes capítulos que conforman Primavera, verano, otoño, invierno… primavera tienen características comunes entre sí y con el resto de la filmografía de Kim Ki Duk. El mundo que este director configura presenta marcados contrastes entre lo tradicional y la modernidad, entre la apacibilidad espiritual y la violencia, entre la gente común y la marginal. Sus personajes apenas hablan o nunca lo hacen, como intentando aislarse de los demás. Del mismo modo, las situaciones que viven son extremas, casi inverosímiles: el muchacho que habita las casas o departamentos temporalmente vacíos y que después se hace invisible, en Hierro 3, la chica que se alquila y da placer por caridad, en La samaritana, la pareja que cambia de rostro e identidad en El tiempo, el viejo que cría a una niña para desposarla en cuanto crezca, en El arco, entre otros ejemplos. Así, Primavera, verano, otoño, invierno… primavera se constituye como una película fundamental de la obra de Kim Ki Duk, dado que resume o contiene todos sus aspectos temáticos habituales.

El escenario de esta historia es uno solo y cambia únicamente por efecto del clima: una casa flotante en medio del lago en un bosque solitario. Cada estación narra lo sucedido en un período de tiempo breve, donde el viejo monje da lecciones a su discípulo, y éste aprende algo importante, que lo cambia de por vida. En la quietud del ambiente ocurren —en un fuerte contraste—algunos hechos de violencia: en la primavera inicial vemos al aprendiz, todavía niño, torturando animales y causando la muerte de algunos. “Si alguno muere por tu culpa, lo llevarás como una piedra en el corazón”, le dice su maestro, y esta sentencia sirve como una constante en el resto del filme. En el verano el aprendiz ya ha crecido, y conoce el amor y el goce del sexo. En el otoño, el maestro ya está muy viejo y ve retornar completamente desilusionado a su discípulo tras vivir en la ciudad como una persona cualquiera. En el invierno se da el reemplazo del monje por el discípulo, y en la primavera siguiente se reinicia el ciclo.

Cada estación está marcada por la presencia de una mascota diferente —animales totémicos— en la isla flotante y a la vez por la omnipresencia de la muerte y la violencia, junto con la resignación y la apacibilidad de los personajes. La fotografía privilegia los tonos cálidos y de gran colorido de la naturaleza. El ritmo de la narración es lento y acompasado como los ambientes que la cinta nos transmite.

Primavera, verano, otoño, invierno… primavera es una bella parábola de los ciclos de la vida, de la espiritualidad, de la muerte y de la vuelta a empezar.

PRIMAVERA, VERANO, OTOÑO, INVIERNO… PRIMAVERA
Director: Kim Ki Duk
País: Corea del sur, Alemania, 2003
Idioma: coreano, con subtítulos en español
Título original: Bom, yeoreum, gaeul, gyeowool, geurigo, bom
Duración: 103 minutos

Artículo escrito para la columna Función Continuada en junio de 2009

Crítica de cine: JCVD

Desmitificar al héroe

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

JCVD está filmada en una forma poco tradicional para el cine de acción, privilegiando el elemento dramático, sin ser propiamente una película dramática. Aunque la historia no es complicada, la narración sí lo es. Jean Claude Van Damme —el personaje de esta cinta y, a la vez, el famoso actor, cuyas iniciales dan nombre al filme— acaba de regresar a Bruselas para el juicio de tenencia de su hija. Como su abogado le exige sus honorarios, se dirige a la oficina de courier por efectivo, pero unos rufianes la están asaltando y es tomado en rehén por éstos.

El eje de la trama es el engaño de los ladrones a la policía: esta última cree que el asaltante es Jean Claude, quien se ha prestado estoicamente a representar lo que sus captores le piden —en apariencia absorbido por el personaje que siempre interpreta: aquel que se sacrifica y lucha para salvar a los demás.
La estructura del filme parte del secuestro y, luego, en su subdivisión en capítulos, muestra lo que ha ocurrido antes —el juicio, la vida de Jean Claude como estrella, su descontento con el tipo de cine que hace— y después, con unos rufianes patéticos, circenses, que aceptan montar la comedia con la policía a fin de evitar ejecutar a los rehenes y salvarse.

JCVD se las arregla para ironizar sobre distintos aspectos, como los fans, la policía, los medios, el sistema de justicia y hasta de nosotros como espectadores. Todo ello usando los códigos propios del documental y del cine de acción. El potente guión recrea una ficción a partir de la figura de la estrella fílmica, pero incidiendo en la persona y no en el héroe cinematográfico. La historia se dosifica hábilmente y presenta algunas atrevidas secuencias —como la que muestra a un resignado Jean Claude en un largo monólogo, haciendo un sombrío balance de su propia vida.

Definitivamente, por su calidad y valor cinematográfico, este filme se puede considerar entre los mejores estrenos del año.

JCVD
Director: Mabrouk el Mechri
Países: Bélgica y Francia
Duración: 75 minutos
Idioma: francés con subtítulos en español

Artículo escrito para la columna Función Continuada en junio de 2009

Crítica de cine: Terminator Salvation

Estado de guerra tras el juicio final

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Una tarde el director James Cameron salió de casa “a almorzar y pelearse con Conan”, es decir con Arnold Schwarzenegger, cuyo talento valoraba muy poco. Por entonces andaba en busca de alguien que encarnara a un robot humanoide exterminador de seres humanos para su nuevo filme de acción. El rudo actor le resultó un tipo simpatiquísimo e inteligente, y no dudó en contratarlo. La película fue un éxito y permitió disponer de la astronómica suma de 120 millones de dólares para rodar una segunda parte, que fue aún más espectacular que la primera y se convirtió —pese a ser evidentemente comercial— en un clásico del cine de ciencia ficción.

La premisa de todos los Terminator es la guerra librada en el futuro entre humanos y máquinas por la supremacía. Ambos bandos son conscientes de la importancia de John Connor, el líder de la resistencia, así que, viajando a través del tiempo, se entabla una desesperada lucha en el presente: las máquinas buscan matar a la madre de éste antes que nazca, primero, y a él mismo cuando ya es un adolescente, después, y los humanos protegerlo, con pocas probabilidades de éxito, enviando en una y otra ocasión a un soldado humano y a un exterminador reprogramado.

No obstante que la tercera parte resulta forzada, poco creíble y hasta insoportable, no podemos decir lo mismo de la última entrega. Terminator Salvation tiene un guión mucho más sólido, que se basa sobre todo en la historia de las dos primeras partes. Nos encontramos en el futuro, se vive en estado de guerra y John Connor (Christian Bale) va consolidando su importancia camino a la jerarquía vaticinada. Por su parte, Sky Net ha emprendido una acción de exterminio a objetivos puntuales, uno de ellos el padre de John —lo que evitaría su existencia, como en las dos primeras películas—. Por otro lado, se introduce un personaje inquietante, Marcus Wright (Sam Worthington), un intrépido guerrero que aparece de pronto sin que se conozca, aunque sí se sospeche, su naturaleza.

Terminator Salvation ofrece un potente ritmo narrativo. Las escenas de acción se suceden permanentemente, si bien de modo exagerado, y en las pocas pausas podemos apreciar la buena construcción de algunos personajes y exactamente lo contrario de otros: la esposa de Connor (Bryce Dallas Howard), por ejemplo. Pese a que la película tenía detalles que estaban por demás, pero que eran llevaderos, empieza a derrumbarse desde el encuentro entre Marcus y Connor. Entonces el guión se llena de agujeros y graves fallas, el accionar de los personajes se hace imposible de creer y, por eso, la historia pierde eficacia y termina fracasando.

Creemos que el filme habría sido más efectivo si, además de tomarse la libertad de repetir escenas y diálogos de las dos primeras partes, se hubiese respetado su verosimilitud y realismo, porque también la ciencia ficción necesita convencer a sus espectadores.

TERMINATOR SALVATION
Director: MCG (Joseph McGinty Nichol)
Duración: 116 Minutos
País: Estados Unidos, 2009
Idioma: inglés con subtítulos en español

Publicado en Correo de Huancayo, el sábado 13 de junio de 2009

Crítica de cine: En la ciudad de Sylvia

La búsqueda infinita

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

En esta historia existen él y ella. Él (Xavier Lafitte) es un enigmático joven que observa y dibuja en un bloc a todas las mujeres que tiene cerca mientras busca a Sylvia, alguien a quien aparentemente conoció seis años atrás en un bar. El bloc, entonces, se convierte en un diario que registra la busca y la posible elección. Ella, en cambio, no es una, es muchas, porque su representación es más que la mera Sylvia a quien él quiere encontrar. En ese sentido, todas las mujeres se convierten en una hipotética y fugaz Sylvia, diferente la una de las otras, y cuya permanencia depende de la voluntad del observador.

En la ciudad de Sylvia es una sucesión de planos que privilegian, además de la búsqueda imposible, la amplia ciudad francesa que sirve de contexto. Con un estupendo manejo del sonido y la fotografía y unas tomas lentas y efectivas, la película nos convierte en testigos acompañantes de él, el observador.

La historia no se limita únicamente a lo que ocurre con este personaje, sino que también enmarca los sucesos con pequeños hechos, más bien atisbos, sobre cientos de personajes, los extras, que viven e interactúan en una ciudad de ensueños, supeditados todos al inestable punto de vista de él.

En la ciudad de Sylvia es una película de autor muy exigente con el espectador. Deja muchos puntos oscuros mientras nos limitamos a observar la ciudad y a él en una fascinante búsqueda sin posible fin.

EN LA CIUDAD DE SYLVIA
Dirección y guión: José Luis Guerin
Países: España y Francia, 2007
Duración: 84 minutos
Idioma: Francés con subtítulos en español

Artículo escrito para la columna Función Continuada en junio de 2009

Crítica de cine: El premio

La fortuna y la derrota

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

La carrera cinematográfica de Alberto Durant es bastante conocida y breve, con filmes como Ojos de perro, Malabrigo, Alias La Gringa, Coraje y Doble juego, todas con una eficaz cobertura publicitaria, aunque con mayor éxito comercial que de crítica.

Una de las cosas que más destacan en El premio, su última película, es que muestra de modo cínico, frío, casi infalible, la cara fea de Lima y de las personas que la pueblan. La historia transcurre entre Lima y Pariamarca, un poblado de la sierra donde Antonio (impecable José Luis Ruiz), un maestro rural, vive y labora, ganando poco y mal, con Avelina (Mayella Lloclla), su hija. Por otro lado, ha enviado años atrás a Lima a su hijo Alex (Emanuel Soriano), pero apenas lo ve y ayuda, por lo que éste vive resentido con él.

A lo largo del filme desfilan diversos personajes —casi todos pintorescos y algunos no tan creíbles ni necesarios— que configuran la historia hacia la serie de infortunios que el premio de la lotería desencadenará. Padre e hijo tienen una actitud estoica y resignada ante las vicisitudes que se les presentan, aceptándolas según llegan: el primero ya cansado, intentando convertir al premio en una segunda oportunidad, el segundo todavía con bríos para hacer frente a la adversidad, pero cegado por su amor por Lizbeth (Melania Urbina).

Hay una serie de situaciones que lindan con lo sórdido y lo deshonesto, y son más patéticas que risibles —por ejemplo la relación incestuosa e infiel entre Alex y Lizbeth, la tartamudez de Freddy (Paul Ramirez), su esposo bravucón y corrompido, la anécdota de la prenda interior y el sortilegio selvático, y en especial esa sensación de que todos buscan sacar provecho de los demás: préstamos y donaciones casi obligadas, engaños, sobornos y fraudes— que van bien con unos personajes derrotados ya habituados a serlo.

Aunque la intención del director fue dejar un final abierto, da la impresión de que la historia no logra cerrarse sobre sí misma en una unidad sólida y consistente. Asimismo, hay personajes que se ven forzados y teatrales, y cuya presencia complementa vagamente a la narración. La película como un todo, empero, es entretenida y posee el mérito, además de ser lo mejor que dirigió Durant, de ser bastante sugestiva.

EL PREMIO
Director: Alberto “Chicho” Durant
País: Perú, 2009
Duración: 92 minutos

Publicado en Correo de Huancayo, el 30 de mayo de 2009

Crítica de cine: Gran Torino

El viejo pistolero se retira

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

CLINT EASTWOOD stars as Walt Kowalski

En la primera mitad de los sesenta, el director italiano Sergio Leone iba preparando un Western de producción europea. La historia sería una adaptación de la película Jojimbo, de Akira Kurosawa, pero sustituyendo a los samuráis por pistoleros. Por entonces Clint Eastwood era un actor de poco éxito que participaba en una serie de televisión. Fue su primer protagónico y, además, el inicio de una admirable carrera, que lo convertiría en uno de los actores más importantes de la segunda mitad del siglo XX, y en uno de los más emblemáticos del Western —antes dominado por Gary Cooper, Henry Fonda, James Stewart y el ya otoñal John Wayne—. El filme fue Por un puñado de dólares, y tuvo otras dos secuelas: Por unos dólares más y la impresionante El bueno, el malo y el feo, cierre de la trilogía. Don Siegel también lo dirigió en Dos mulas para la hermana Sara —otro western—, Escape de Alcatraz y la primera parte de Harry el sucio. La experiencia de trabajar con estos dos directores fue clave para él, y marcó su estilo cinematográfico.
Su debut como realizador fue en 1971 con el thriller Temblor en la oscuridad, de más éxito artístico que comercial. Las mejores filmes de su larga producción son los Westerns El fugitivo Josey Walles y Los imperdonables, los policiales Crimen verdadero y Deuda de sangre, y los dramas Río Místico y Golpes del destino, además del díptico Banderas de nuestros padres y Cartas de Iwo Jima. Ello sin contar un buen puñado de películas menores y otras más donde participó como actor.

Hay muchas similitudes entre Gran Torino, la última película de Clint Eastwood y El último pistolero (1978), de Don Siegel. Ambos son filmes de despedida de la actuación de una gran estrella, en el primer caso de Eastwood —lo anunció él mismo— y en el otro de John Wayne, quien es, posiblemente, la mayor estrella del Western americano. La influencia de esta película en Gran Torino es clara, no solo por lo señalado líneas arriba, sino por la serie de similitudes que saltan a la vista desde el inicio —personajes equivalentes (el muchacho Hmong con el hijo de la casera: ambos toman como mentor a J. B. Books y a Walt Kowalski respectivamente, y se establece una relación de padre-hijo entre ambos), los dos protagonistas tienen una enfermedad terminal, entre otras—, aunque en el fondo son filmes completamente diferentes.

La historia de Gran Torino gira en torno al cruce y choque de civilizaciones —aparecen latinos, afros, asiáticos, italianos, irlandeses— que van siendo absorbidas por la cultura norteamericana. Walt Kowalski continúa luchando y se mantiene tercamente en su casa, viendo tomado su vecindario y el país que él mismo ayudó a edificar por los extranjeros inmigrantes a quienes desprecia (pese a ser él mismo de ascendencia polaca). Aunque pasa todo el tiempo refunfuñando, es en el fondo amable, con un alto sentido de la justicia y el deber: un héroe como los muchos que interpretó el propio Eastwood.

La historia es contada con una cadencia que coge tópicos de la comedia, el drama y el cine de acción, y no salta entre sí de manera brusca, sino de modo acompasado. Se retrasa el conocimiento de algunos de sus detalles, como aquel suceso del pasado de Walt que lo atormenta y que el padre Janovich (Christopher Carley) busca descubrir a través de la confesión a lo largo de todo el filme. Por supuesto, la comunidad Hmong juega un papel clave, al configurar el desarrollo del personaje y de la narración. Los dos jóvenes, Thao (Bee Vang), quien se convierte en su mejor amigo y Sue (Ahney Her) —exquisita interpretación—, son el vínculo entre Walt y la comunidad Hmong.

Además de su indiscutible calidad, Gran Torino es una película entretenida y de sumo interés, que se constituye como uno de los mejores estrenos del año.

GRAN TORINO
Director:: Clint Eastwood
Duración: 116 Minutos
País: Estados Unidos, 2008
Idioma: Inglés con subtítulos en español

Artículo escrito para la columna Función Continuada en mayo de 2009

Crítica de cine: Gus Van Sant

El ojo crítico e impasible de los márgenes de la humanidad

Por: Juan Carlos Suárez Revollar

Gus Van Sant aborda sus películas de una manera poco convencional, tanto por el lado de las historias —adolescentes o adultos jóvenes deprimidos, atormentados y adictos con escaso poder de decisión sobre sus propias vidas—, como por la presentación narrativa: con estructuras complejas a través de audaces saltos temporales y multitud de puntos de vista.
Su primera película, Drugstore Cowboy, estrenada en 1989, tiene como tema central la adicción, pero también la autodestrucción del protagonista, y todo ello sin convertirse en una parábola moral. Mi propio Idaho privado continúa esa exploración, pero con un mayor alcance y nivel artístico, constituyéndose como su primera gran película —es, además, una adaptación libre basada en el personaje Falstaff, de Shakespeare—. A partir de entonces su obra decae ligeramente: de ese periodo son Ellas también se deprimen, Todo por un sueño, el éxito comercial El indomable Will Hunting y toca fondo con el remake de Psicosis, película que, pese a ser idéntica en la historia, guión, diálogos y hasta en los planos a la de Hitchcock, pierde en la comparación por amplísimo margen.
Descubriendo a Forrester y Gerry supusieron una honorable recuperación de su filmografía, pero fue con Elefante que logró su segunda gran película. Basada en hechos reales, entrecruza las vivencias cotidianas de los estudiantes del instituto Columbine poco antes y durante la tristemente célebre matanza a manos de dos de sus compañeros. La complejidad y eficacia de la estructura, además del alto nivel del filme, le valieron la Palma de Oro en Cannes. Last Days continúa por la misma senda, con una organización narrativa que entremezcla tiempo, espacio y puntos de vista. El propio Van Sant negó que se tratara de los últimos días de vida de Kurt Cobain, líder de la banda Nirvana, aunque ello suena a patraña. También participó, en 2005 y 2007, en un par de proyectos grupales que reúnen cortometrajes de varios distinguidos directores, París, yo te amo y Chacun Son Cinema.
Sus dos últimos trabajos son bastante disímiles: Paranoid Park tiene el mismo tono que Elefante y Last Days, aunque con una presentación estructural algo más sencilla; Milk, en cambio, se alinea a los filmes comerciales y usa sus códigos y formas, pero con la marca indeleble del gran director. Debemos señalar que Gus Van Sant es uno de los realizadores activos más importantes de la cinematografía mundial, que continúa aportando nuevas formas de hacer cine. Más bien, de hacer gran cine.

Publicado en Correo de Huancayo, el 16 de mayo de 2009